El sábado fui a ver la nueva película de Paul Thomas Anderson, “El hilo invisible”. Salí impresionada, la verdad. Me gustó, sí, pero es intensa, un thriller psicológico, casi terror. Te deja con un gusto amargo y dulce a la vez al salir del cine. Te deja pensando en ella y querer comentarla. Es la emoción, entre el terror y el asombro de cómo llegan a comportarse las personas, que se te mete en el cuerpo y te deja como si te hubiesen sacudido de repente.

Pero tras esas emociones se esconde una historia muy bien cosida, una disección de la relación que un gran diseñador tiene con su hermana que ha construido con él la gran casa de diseño de la que él es el alma y ella la cabeza. Y después con su musa, Alma, una camarera que irrumpe en esa rutina de normas diarias que ha creado con su hermana y que no se deben romper bajo ninguna circunstancia, en esa frialdad que se mantiene alrededor del genio para que pueda desarrollar su creatividad.

La película muestra el hilo invisible que une a estos tres personajes

La crueldad del protagonista cuando ya no le sirve una musa, la crueldad con su hermana, con el mundo, en aras concentrarse sólo en los vestidos que diseña y en los que pone toda esa ternura y cariño que le quita a sus relaciones.

Muestra también de forma recíproca lo que recibe de las dos mujeres que conviven con él. El tira y afloja psicológico de la relación que estos tres personajes mantienen, cuando lo que les une es el poder, la búsqueda de poder sobre el otro, la inspiración, la necesidad, pero en ningún caso el cariño.

Una metáfora de las relaciones tóxicas que se tejen sigilosamente

Como en esta película en que parece que todo va despacio, que no pasa nada. Sin embargo, lentamente, bajo esas rutinas aburridas, frías, sin sustancia, se hace fuerte esa relación entre estos tres personajes, se hace fuerte ese hilo invisible que los une.

¿Qué desencadenó este triángulo de poder?

Un artista y su universo lleno de sombras. Un aterrador complejo de Edipo, un mundo que gira sólo en torno a sus obras… La fascinación que suscita a su alrededor y que justifica su crueldad y sus desprecios…

Un desequilibrio de necesidades, carencias, traumas,…  El hilo que ata a los personajes es un hilo de hecho de temores, de orgullo, de querer “quedar encima”, de heridas cerradas en falso.

Todo eso muestra “El hilo invisible” que seguramente gane el Oscar a mejor película este año y que aún con los escalofríos que provoca vale la pena ver para reconocer ese juego psicológico en el que no conviene entrar.

 

Escrito por Isabel Herrero

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