Hace unos días varias amigas decidimos ir con los niños a pasar la tarde en Burger King. EN QUÉ MOMENTO. Era uno de esos últimos días de colegio, cuando hay celebraciones por el fin del curso de inglés, del curso de balonmano, tropecientos cumpleaños, porque los niños que cumplen en verano celebran en esos días antes de que acabe el cole, y a todo el mundo le da esos días por quedar, como si fuese el fin del mundo.

Lo que parecía todo un planazo con los niños (niños por un lado jugando y madres por otro hablando de la vida en general) se convirtió, cómo lo diría, en una mezcla de una peli de Paco Martínez Soria y Tarantino. Así, todo junto.

La tarde se resume en dos escenas: una, el hijo pequeño de mi amiga Laura, que tiene tres años, saliendo del Burger King en calzoncillos. Sí, en calzoncillos. Negros, para más detalle. Y la otra, mi amiga Cristina, con sus gafas de sol, tomándose unas patatas fritas, tan divina ella en medio del caos de niños, gritos, hamburguesas e insultos. Sí, porque a unos niños de unas mesas de al lado, les dio por meterse con nuestros hijos.

Esto, más o menos:

Pero añadiéndole 30 niños vestidos de rojo, metiéndose con nuestros hijos y que no encontraron mejor día para celebrar el fin de las clases de balonmano, fútbol, baloncesto, o a lo que jugasen los dichosos niños.

El caos comenzó nada más entrar, al dejar a los niños en ese tobogán, rompecabezas, donde saltan y juegan los peques en estos sitios. A los 10 minutos sudaban como patos y nosotras organizándonos para pedir los menús en las dichosas máquinas que han puesto ahora en estas hamburgueserías. ¿Por qué el menú de niños está en todo el medio? Precisamente por eso no lo encontraba yo por ningún sitio.

Cuando por fin nos dieron todos nuestros happy meals y cuartos de libra juntamos varias mesas y nos acoplamos. Ahí empezaron los niños vestidos de rojo a tocar las narices, tirando patatas fritas a nuestros hijos.

Al principio en las mesas, estábamos madres a un lado y niños al otro

A los cinco minutos, madres sentadas entre los niños, hablándonos por señas. Yo defendiendo a nuestros hijos de los vándalos vestidos de rojo, otras organizando menús, y otras organizando a niños.

De repente, el pequeño de Laura, se pone a vomitar, en la mesa. Todos los demás hijos nuestros, todos, tan tranquilos, levantaron las hamburguesas que estaban comiendo y siguieron comiendo observando la escena. Cristina y yo, nos pusimos a limpiar la mesa, pero no dábamos a vasto y al final quitamos esa mesa y pusimos otra.

“Al final habéis quitado la mesa”– me decía Eli comiendo de pie en otra mesa separada. Por gestos la respondía yo.

Momento en que el pequeño que vomitó se quedó en calzoncillos. ¿Después? Ya el caos total. Como obsequio los niños del happy meal, tuvieron unas pistolas de agua, que los cabrones de al lado vestidos de rojo aprovecharon para llenar de Aquarius, y echar a diestro y siniestro. Claro, mi amiga Laura, se resbaló trayendo la bandeja de los helados, y volcó. Patatas que habían sobrado de las mesas de los demonios rojos, volaban por los aires, y en medio del caos, Cristina, que es muy estilosa ella, no perdió la compostura, se plantó sus gigantes gafas de sol, y tan divina, mirando al horizonte, se tomaba sus patatas fritas.

Nuestros hijos, que vieron que les llovía Aquarius, se fueron corriendo a los dispensadores de refrescos a cargar sus pistolas para vaciarlas sobre los demás en el tobogán de nuevo, empapados todos de sudor y Aquarius. Y entre tanto, el pequeño de Laura, para acá y para allá corriendo en calzoncillos.

Al llegar a casa, un mensaje de Cristina en el grupo de whassap: Habéis llegado sanas y salvas?

Con los comentarios que escribimos, Belén entró en la conversación, que está en el grupo de whassap pero no pudo venir esta vez.

🤦‍♀️🤦‍♀️ 🤦‍♀️Pero habéis hecho?- decía.

¡Ay Belén! Qué a gustico estabas en casa tú- le respondí yo- Cómo explicar…

La próxima vez, un plan más tranquilo- decía otra.

Los niños, todos habían vuelto en los coches, encantados de la vida, queriendo volver al día siguiente y queriéndonos mucho a las madres por el plan. Nos lo habíamos ganado a pulso.

 

Escrito por Isabel Herrero

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