De un tiempo para acá tengo lo que se dice “un rollo muy zen”, dejo que las cosas fluyan, me dejo sentir, me escucho, me concentro mucho en las cosas que hago en el momento, hago deporte sin pensar en nada,… Pero desde hace unos días, notaba que me estaba “recalentando”, estaba incómoda, había algo que no me dejaba estar a gusto conmigo misma como semanas anteriores…

Entonces un día que esperaba un favor de una persona, lo habíamos hablado y estaba todo “ok”, y cuando quedamos en cerrarlo pues pasa de mí. Y esa vez no tenía el cuerpo para decir: “bueno, estará ocupado con otras cosas”. No. No reaccioné como otras veces, aceptando, estando agradecida por cada cosa que hacen por ti. “¡A la mierda!”– pensé- “Estoy harta de estar agradecida por cada mierda de favor que te hacen. A la mierda”.

Me sentí muy bien. Fue como cuando llegas a casa y te quitas los zapatos de tacón que te has molestado todo el día. O las medias. Y te quedas tan a gusto.

No contenta con eso al día siguiente una chica con la que trabajo a veces me hizo una bromita de mal gusto. Ella y otro chico llevaban días así y yo que estaba “muy zen” pues pensaba que estaba por encima de eso, que no me influía… Pues no era así. Les dije que ya valía de bromitas… y algunas cosas más que no voy a soltar aquí así a lo bestia. Se disculparon y todo quedó en su sitio y vuelve el equilibrio y me sentí como reforzada, mejor conmigo misma.

En realidad no estaba “tan zen” como pensaba o quería pensar

A veces decimos: “bueno esto no me influye”, pero en el fondo te está influyendo y entonces pones límites, pones los huevos encima de la mesa, y aunque sea un poco violento para las personas a las que no nos gusta tener movidas, vale mucho la pena, porque es un acto de respeto a ti misma. Como tienes buen carácter pues parece que tienes que aguantar que “pisen tu jardín”, y no es así. Y entonces cuando sacas tu carácter te sientes mejor contigo misma porque has defendido tu espacio, te has defendido a ti misma, te has respetado y entonces sí que fluye todo de nuevo de verdad.

Cada uno se pone en su sitio, lejos de tu jardín interior, que nadie pise tus flores, tu espacio, y entonces todo fluye de nuevo de verdad.

Ah, ¿qué por qué he puesto una foto de tenis? Pues porque ahí es cuando lo veo más claro, cuando no estoy jugando bien y saco el carácter es cuando mejor juego 😉

Escrito por Isabel Herrero

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