He estado un buen tiempo sin escribir ni publicar nada aquí. He pasado una crisis de ideas y también, por qué no decirlo, personal. Es curioso cómo cuando las cosas se asientan después de la tormenta es cuando nuestra voz interior reclama atención, y entonces cuando no tenemos respuesta viene la tristeza, el vacío, el “¿y ahora qué?”

De unos meses para acá bueno, las cosas están bien, el trabajo, la familia y entonces me he parado casi sin querer a escuchar una queja personal. ¿Cuál es mi lugar ahora? ¿Dónde estoy yo?

Creo que en mayor o menor medida nos ocurre a todas las madres

El otro día salí a cenar con unas amigas, todas madres y me decían algo parecido. Vas dando prioridad a lo esencial y cuando esto se coloca entonces te enfrentas a esa pregunta que vas obviando, el ¿y ahora qué?

Lo veo en mayor o menor medida en las mujeres con las que cruzo unas palabras por las mañanas al dejar a mi hijo en el cole, en compañeras del trabajo, en mis amigas… El día a día, las prisas, el ahora hago esto, a tal hora tengo que ir a lo otro, el atasco, el informe, la reunión, la cena para hoy, el trabajo del colegio,… nos van transformando en autómatas sin quererlo.

No es que una quiera volver a los años en que hacía lo que le daba la gana cuando le daba la gana

No. Que para eso una va dando pasos en su vida, y tomando responsabilidades con todo el amor del mundo y de forma consciente. Tener hijos es una de las mejores cosas que nos ocurren a las mujeres, en mi caso la mejor sin duda, y así me lo decían también mis amigas con las que salí a cenar hace poco.

Pero en ese día a día de prisas y de atender quejas ajenas nos olvidamos de las nuestras, de nuestro lugar otra vez en el mundo. Tanto que ya cuando tienes tiempo libre para ti no sabes ni qué hacer. Para mí ha sido muy radical, lo he notado especialmente en el verano que tenía más tiempo libre para mí y pude ser más consciente de ello. Ahí es donde me empezó la tristeza que fue a más hasta que he sido consciente de ello, lo he podido hablar y he ido buscando soluciones.

Agradezco que haya sido así, de forma tan drástica, porque en muchos casos, las mujeres no se dan cuenta, y suavemente se van olvidando de sí mismas y así lo aceptan.

Esta forma en que nos vamos haciendo invisibles las madres, esposas y trabajadoras se vuelve muy peligrosa cuando se alarga en el tiempo sin ser conscientes de ello, sin que surja esa queja personal a la que mirar de frente. Porque entonces pasa tanto tiempo que ya nuestro cerebro se ha acostumbrado a vivir así, a olvidarnos de nosotras mismas, de que además de todos esos roles, somos mujeres, personas con necesidades también, inquietudes y aficiones.

Y esto inevitablemente va erosionando la autoestima

Como el viento que día a día hace de una montaña una colina, porque el primer paso para querernos, es conocernos de verdad, aceptarnos como somos y cuidarnos. Pero cómo vamos a cuidarnos si ni siquiera nos escuchamos.

Por eso es tan importante tener un grupo de amigas con las que poder compartir momentos, inquietudes, conversaciones. Porque el solo hecho de pasar los pensamientos de nuestra cabeza a los labios ya supone un gran paso adelante. Tener amigas de verdad, un grupo con el que poder compartir alegrías pero también nuestras preocupaciones, el tiempo para relajarse y conectar, es una caricia a nuestra autoestima.

Que no somos perfectas, aunque la sociedad nos exija tanto

Hemos mejorado sin duda respecto a nuestras madres y abuelas. Ahora tenemos trabajo, hemos podido estudiar lo que hemos querido en la mayoría de los casos, pero también somos amantes madres y esposas que no hemos querido perder la oportunidad de vivir ese milagro, pero que además ahora a diferencia de las madres de antes, nos vemos obligadas a hacer los cientos de trabajos que nos encontramos en notas amablemente escritas por la profe en el fondo de la mochila con una amenazante fecha de entrega.

Lo asumimos sin problema, encantadas. Pero no permitamos que ese día a día nos vaya haciendo invisibles, no dejemos que las prisas, los horarios, lo urgente que sin duda hay que cumplir, acallen esa queja personal que a veces nos pide un momento para nosotras. Aunque sea al final del día, cuando tenemos esos minutos para nosotras para pensar en apuntarnos a esa actividad que nos apetece hacer, quedar con esas amigas para tomar un café o retomar aquella afición que nos gustaba tanto.

Y así hoy he querido compartir este pensamiento, esta queja personal con todas las mujeres que viven así. Para ellas este post, todas las mujeres con las que me cruzo por las mañanas en la puerta del cole, en la oficina, en el atasco de la M-30, para mis amigas y todas las que se han reconocido en estas líneas y viven así en cualquier ciudad del mundo.

 

Escrito por Isabel Herrero

 

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