Hoy me he encontrado en Facebook que Wimbledon celebra el día nacional de la poesía con este verso y me ha hecho releer el precioso poema“Si” de Rudyard Kiling. Y es que este verso preside la pista central de Wimbledon. ¡Qué difícil es a veces mantener la calma, la cabeza en su sitio tanto ante el triunfo como ante el desastre como dice este poema.

Echando la vista atrás nuestro camino está lleno de triunfos y de desastres, según vamos creciendo aprendemos a gestionar mejor nuestras emociones, enfrentarnos mejor a “estos dos impostores” como dice Kipling en este poema. Pero siempre es complicado. En la sociedad en que vivimos en que cada vez se aplaude más el triunfo y se enfatiza más el desastre, en que parece que sólo se nos midiera por eso, es complicado mantener la vista en el camino con la misma calma.

El otro día mismo, subí una fotografía a Instagram y tuvo pocos “likes“, me quedé un poco disgustada y pensé que no era buena… y me quedé dormida en el sofá y cuando me desperté decidí borrarla. La borré. Por la noche, pensé “¿por qué la he borrado” Me gustaba, me da igual los “likes””. La volví a subir. Sí, a veces soy un mar de dudas, mis amigos y familia lo saben bien. Y para mi sorpresa, de repente, un montón de “likes“. Sólo había cambiado la hora de la publicación, nada más. ¿Absurdo verdad? Así de absurdos son los detalles que tantas y tantas veces separan el triunfo y el desastre. Hemos hecho las cosas igual de bien o de mal, sólo un detalle, un hecho que tantas veces pasa desapercibido las diferencia.

Por eso es muy importante que disfrutemos de lo que hacemos, y de lo que aprendemos, de cómo mejoramos. Eso es lo que debe tener nuestra atención. Mejorar, superarnos a nosotros mismos. Querernos igual en ambas situaciones, valorar lo que hacemos en ambas situaciones.

Aquí os dejo el poema completo, que es precioso.

“Si” 

Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor
la han perdido y te culpan a ti.
Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero también aceptas que tengan dudas.
Si puedes esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.

Si puedes soñar sin que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que has dado la vida,
y remangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas a una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si puedes forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: “¡Resistid!”.

Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado.
Si puedes llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!

 

Escrito por Isabel Herrero

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